2 abr. 2014

Sabia Ignorancia


Esta mañana, cuando desperté, muy en el fondo de mi ser, yo ya sabía que iba a morir. Estaba a punto de vivir el que sería el último día de mi vida…. Pero no le presté atención, no lo valoré… si lo hubiera sabido con certeza, habría cambiado tantas cosas… tantas.



El día estaba nublado cuando me levanté, y fuera lloviznaba. Era raro encontrarse una mañana así en aquella época del año. Pero no le di importancia… no me percaté de que el cielo lloraba por mi. 

Salí de casa y me fui directa al trabajo. Tenía la sensación de que algo no iba bien, ¿me habría olvidado algo? Recuerdo que comprobé mecánicamente el contenido de mi bolso mientras bajaba las escaleras. Todo en su sitio… pero la sensación de estar pasando algo por alto me seguía acompañando.


Cuando bajé andando a buscar el tren y pasé por debajo del puente de la autopista, sentí un escalofrío. Siempre que pasaba por allí lo sentía, y el corazón me latía más rápido…, nunca me había gustado aquel sitio, desde pequeña me daba miedo, pero jamás pensé que moriría bajo aquel sucio puente… tirada en el suelo, como una rata. No pensé que aquella noche, tan solo unas horas después mi cuerpo yacería sobre aquel frío suelo.


Con una sonrisa en la cara subí al tren… era viernes, joder, aún es viernes, y estaba contenta porque aquella noche iba a verle. Me sentía invencible, escuchando mi música en aquel tren abarrotado de gente. Sentí que aquel niño me miraba, su mirada estaba posada fijamente en mi… me miraba como si supiese que yo iba a morir. Y yo, estúpida de mi… le saqué la lengua, ignorando su muda advertencia.


Las horas en el trabajo se me hicieron largas, el tiempo pasa tan lento a veces… tan lento como ahora… jamás había pasado tan lento…dios. 


Pero al fin llegaron las siete. Yo sabía que saldría más tarde, pero no me importaba porque tenía tiempo de sobras para ir como siempre a esperarle a la salida del trabajo.


Al fin salí con el tiempo justo… recuerdo que al separarme de mi compañera me miró fijamente y me dijo “cuídate”… Una palabra vacía, la dice mucha gente al despedirse, y acaba perdiendo su importancia. Debí hacerle caso, debí haber leído entre líneas, pero no lo hice… no, no lo hice. Tal vez ella sabía que yo iba a morir?? Tal vez, sólo tal vez.


Llegué puntual, con el tiempo justo, como siempre, pero puntual al fin y al cabo, y me puse a sujetar la columna aguardando su salida. El tiempo pasa tan lento a veces… tan lento como ahora… jamás había pasado tan lento… pero eso ya te lo había contado, ¿verdad?


Al final él salió, radiante como siempre. Siempre irradiaba una energía especial, y aquel día… se me hizo más especial que nunca. Tal vez en el fondo sabía que era la última vez que le veía salir del trabajo, tal vez en el fondo sabía que nunca le volvería a ver… tal vez.


Estaba cansado, muy cansado… creo que esta incubando algo…  Fuimos a cenar, y las horas pasaron tan rápidas, el tiempo pasa tan rápido a veces…


Acabamos temprano de cenar, y yo me empeñé tozudamente en volver sola a casa. Nunca me dejaba volver sola a casa, nunca… pero estaba cansado, muy cansado… y finalmente mi insistencia le hizo sucumbir. Me pidió que subiera a casa en el bus o en un taxi, no quería que fuera andando, y yo le tranquilicé y le dije que así lo haría, pero no lo hice, sabes que no lo hice y ahora sé que debí hacerlo… pero es tarde, demasiado tarde y empieza a entrarme sueño… y de todos modos, ya nada tiene remedio…


Cogí el último tren y al llegar a la estación comprobé que ya no había autobuses. Hacía una noche tan bonita… que me sentía feliz caminando calle arriba. Me sentía invencible.


Al llegar a la altura del Bingo miré hacía la derecha. Había un taxi libre esperando, ¿me esperaba a mi?, es posible que sí. Miré hacía arriba, apenas quince minutos me separaban de mi casa, y hacía una noche tan bonita… incluso habían salido las estrellas!! Y yo, ignorando la luz verde del taxi que gritaba mi nombre, seguí caminando calle arriba.


Nunca se ven estrellas en el cielo de Badalona, nunca. No me extrañó verlas aquella noche, me gustaba mirarlas. No me di cuenta que habían salido para avisarme de que aquel era el día de mi muerte, no me di cuenta que brillaban con más fuerza que nunca tratando inútilmente de dotar de luz la noche, no me di cuenta que se estremecían en las alturas mientras yo caminaba… hacía mi destino. ¿De veras no me di cuenta?


Llegué al semáforo de la autopista y miré hacía el puente, siempre se me ponían los pelos de punta y el corazón me latía más rápido al pasar por allí. Miré hacía atrás, no había nadie en la calle, estaba sola y aquello me tranquilizó, me hizo sentir más fuerte, me sentía invencible. No pensé que tan solo unos instantes me separaban de mi muerte. O tal vez si lo pensé, sólo por un momento, desde pequeña cuando miraba aquel puente veía mi cuerpo tirado en el suelo, en un rincón… pero jamás le di importancia… fantasías de una mente enferma, o no?


Sonreí al cruzar la calle, sólo diez minutos para llegar a casa. Miré mi móvil pensando que tal vez él me habría enviado un mensaje, pero no era así… no me importó, al llegar a casa le llamaría para decirle que ya estaba allí, seguro que le sorprendía, ya me imaginaba lo contento que se iba a poner… ya me lo imaginaba. 


No advertí que una sombra se deslizaba tras de mi, ni tampoco advertí aquel brazo que me agarró por el cuello entre las sombras… no me di cuenta hasta que ya era demasiado tarde y podía sentir el frío del acero en mi cuello. Y en ese momento, en ese preciso instante tomé conciencia plena y supe que iba a morir. Supe que hoy sería el día de mi muerte.


Todo fue tan rápido… apenas han pasado unos minutos, y yo ya no lo recuerdo. Recuerdo que él quería que me quedara quieta, pero yo nunca fui una niña obediente, no, nunca lo fui. Recuerdo que pensé en aquellas chicas que murieron en el puente cuando yo era una niña… apuñaladas… cogieron al que lo hizo?? Nunca lo supe… nunca lo sabré…


Sólo sé que me revolví rápido, y pensé en él… esperando mi llamada, esperando… y sentí el acero hundiéndose en mi cuerpo… Cuando quise darme cuenta ya estaba aquí, en el suelo… sola… como una rata.


El calor mojaba mi cuerpo… el calor de la sangre, mi propia sangre… y estaba asustada, estoy asustada!


Vi mi bolso, tirado en el suelo, junto a mi, y busqué torpemente mi móvil. Apenas diez escasos minutos me separaban de mi casa, miré hacía arriba, y vi la calle, desierta ante mis ojos… y sigue desierta… Tenía tanto frío… y calor… y tengo tanto frío.. y tanto calor…


Si hubiera subido diez minutos antes, tal vez ya estaría en casa, hablando con él, y si hubiera cogido el taxi como él me pidió… y si le hubiera dejado acompañarme como él quiso hacer… y si me hubiera fijado en las estrellas… ainch.


Tenía el móvil en la mano, sobre mi regazo… apenas tenía fuerzas para sostenerlo, me sentía tan débil, me siento tan débil… Tan solo diez minutos me separaban de mi casa… y sin embargo le llamé a él… Y esperé... Noté como descolgaba, y a lo lejos me pareció oír su voz… realmente la oí o sólo la imaginé?? Me di cuenta de que no podía hablar… mi voz era un murmullo apenas audible. Me imaginé lo que él estaría diciendo… habría contestado al teléfono contento al ver mi llamada, con esa vocecilla… y ahora estaría inquieto al ver que yo no respondía… pensaría que no habría bloqueado el móvil, si seguramente pensaría eso… y que le llamaba sin darme cuenta…


Las lágrimas bajaban por mi rostro cuando noté que él había colgado… mientras susurraba mi última palabra: perdón… perdón por no haberte dicho que te quería aquella noche, perdón por no haberme quedado más tiempo a tu lado, perdón por no haberte dejado acompañarme, perdón  por no haber cogido un puto taxi… perdón.


Pero él ya había colgado… y yo estoy sola en el suelo… y tengo sueño, mucho sueño… los párpados me pesan y el dolor se hace cada vez más insoportable… me pregunto si él me estará intentando llamar ahora… me pregunto si cuando venga por mi yo ya estaré muerta…


Y mientras estoy aquí, tirada en el suelo, esperando a que me lleves, te miro y te confieso que esta mañana, cuando desperté, muy en el fondo de mi ser, yo ya sabía que iba a morir.
 
 RELATO ESCRITO EN EL AÑO 2006

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