Cuando llegué, hice relevo con Alberto. Había reunión del AMPA y me estaba esperando para poderse marchar y asistir. Los peques ya estaban cenando y pensé que podría ser un fin de jornada relativamente fácil.
La cena no fue como esperaba... los peques estaban revoltosos y les costó más de lo habitual acabar. Atendí a las mascotas y vacié el lavaplatos que había terminado su labor. Una vez acosté a los peques, proseguí recogiendo la cocina, y preparándome la comida para el día siguiente. Fue acabar de preparar el tupper y empezar a sentir un terrible dolor de cabeza.
Pensé que se me iría en cuanto cenase, pero no fue así.

