30 ene. 2017

Mamá, quiero quedarme en casa

Hoy el pequeño grandullón vuelve al cole!

Por fin recuperamos la normalidad que nos fue robada el pasado día 20, cuando el virus de turno decidió ensañarse con nuestro pequeño. Han sido siete días y siete noches de fiebre... y tres de recuperación en casa.

Una semana de dormir poco y padecer mucho. De miradas furtivas al teléfono en los descansos del trabajo o visitas frecuentes al baño, para recibir el último parte del estado del mini sujeto de un modo discreto. De comer un bocadillo en el ferrocarril, para llegar a tiempo al cole a recoger a la pequeña y que Erik no tuviera que salir de su guarida viral.

Por suerte papá sigue en casa, y al menos no hemos tenido que padecer el estrés de : ¿hoy con quién lo dejo?

Cuando el termometro nos fue comfirmando la ausencia de fiebre el viernes, sábado y domingo... nos alegró saber que la normalidad volvería al hogar. Mas no a todos. Erik no se alegró: yo quiero quedarme en casa!

Recuerdo cuando yo me ponía mala de pequeña y me tiraba una semana en casa... y tampoco quería volver a clase! Recuerdo haber "fingido" malestar para alargar mi estancia en el hogar materno un día más.

Volver al cole no era fácil. Te habías perdido mil anecdotas, mil momentos, a los que tus compañeros harían referencia en infinidad de ocasiones... quedándote excluída de la conversación en todas ellas.

Y... el temario! El tema seis de naturales se había acabado en tu ausencia y ahora en lugar de hablar de flores todo el mundo sabía lo que era una falla! Y en mates habían aprendido a multiplicar fracciones... así de repente! Porque sí! Y tenías páginas y páginas de deberes, que se habían ido haciendo a lo largo de esa máldita semana... que no había prisa en que entregaras (la considerada profe sabía que habías estado enferma) pero que eran para "cuando pudieras" (o sea... prontito no sea que te quedes regazagada!).

Recuerdo llevar cinco minutos en clase y sentir tal nivel de angustia y ansiedad, que las lágrimas se agolpaban tras mis ojos amenazando con precipitarse al vacío. La sensación de presión era tan alta, que si mi madre me hubiera tomado la temperatura en aquellos "primeros días" habría tenido fiebre de nuevo... sin duda.

Y todo ello... superaba con creces la feliz expectativa de reunirme con mis amiguitos de la clase. Por ello, cuando Erik no se mostró feliz con su vuelta al cole, le entendí muy bien.

En su caso, no obstante, aún no tiene la capacidad premonitoria del desastre, que yo tenía. Aún está en primero.... el temario avanza lento y apenas tienen "deberes" por hacer.

Para él, no es tanto la sensación de no querer volver al cole como la de querer quedarse en casa. Disfrurando a solas (sin interrupciones de su hermana) de momentos de calma y juego ( cuando la fiebre remite) con papá y mamá.

Ojalá él no tenga que experimentar la angustía que muchos de nosotros sufrimos en nuestra niñez. Pondremos velas a "San Sistema Educativo" esperando que nuestros ruegos sean atendidos, y se hayan dulcificado tales momentos.

Y tu? Tienes experiencias similares de tu niñez? Y tus hijos? Viven mal estas reincorporaciones a clase?

2 comentarios:

  1. Vaya pobrete. Yo es que siempre he tenido ganas de volver, me encantaba ir al cole y odiaba faltar, pero no me angustiaba la vuelta la verdad.

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    1. A mi me encantaba ir al cole, pero cuando faltaba... menuda angustia!!!
      Por suerte a Erik le ha ido bien y ha vuelto contento.
      Un abrazo!

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