5 mar. 2016

Traga Tragabolas!!

Quién no recuerda este juego de su infancia? Aquellos simpáticos y voraces hipopótamos que se lanzaban raudos a comer el mayor número de bolas posibles??

Un juguete de nuestra niñez, que sigue estando de moda a día de hoy!

Estas Navidades, los Reyes Magos, sorprendieron a nuestro peque con el simpático juego Tragabolas, un juego divertido y apto para toda la familia.

Desde hace algún tiempo, Erik, se ha empezado a interesar por los juegos de mesa. Ya las pasadas navidades, se pidió alguno de ellos, como el clásico parchís o otros más modernos, de los que ya os iré hablando.

El caso, es que él con cinco años, disfruta de este tipo de juguetes, entiende bastante bien las normas de muchos de ellos, y puede seguir fácilmente el ritmo del juego. ¿Cuál es el problema? Que su hermana, Helia, se empeña en participar del juego... pero lamentablemente, a sus tres años de edad... la mayoría de juegos de mesa les están "grandes".

Eso hace que tengamos muchas dificultades para poder pasar un buen rato en familia, sentados alrededor de un juego de mesa, ya que ella interrumpe el ritmo, se frustra, su hermano se frustra y nosotros tratamos de salvar la situación lo mejor que podemos. Pero divertirnos... no nos divertimos.

Eso, hasta que Tragabolas llegó a nuestras vidas! Por fin, un juego con el que los cuatro miembros de la familia podemos participar y divertirnos. Tragabolas es un juego muy sencillo que posibilita que nuestra peque de tres años pueda participar activamente de las partidas.

Las partidas son muy rápidas, en apenas un minuto los 4 hipopótamos habrán dado buena cuenta de las bolas y la partida habrá terminado. Eso hace que hasta para los más pequeños sea sencillo mantener la atención durante la partida. Pueden jugar 4 personas y lo único que hay que hacer es pulsar una palanca que los hipopótamos tienen en su espalda. Esto hace que los hipos alarguen el cuello y abran la boca, ingiriendo las bolas que están en el centro del tablero.

Los peques practican su coordinación motriz, y aprenden a respetar las sencillas normas del juego. Deben esperar con sus manos en la palanca, a que se de "la señal de salida" que indica que ya podemos empezar a pulsar la palanca para tragar! Una vez acaba la partida practicamos con los números. Cada uno de nosotros debe hacer el recuento de las bolas que su hipopótamo ha tragado. Esto para Erik es super sencillo! Pero a Helia, con tres añitos, le viene muy bien. El hipopótamo, como mucho, habrá tragado unas siete bolas... de manera que para ella es una buena cantidad para practicar. En otros juegos, como el parchís, hay que contar las casillas y mover una pieza por ellas... y aunque parece tarea fácil, el concepto de contar casillas es más complicado de lo que parece. Aquí, sólo hay que contar bolas, que permanecen estáticas.

Para que practique más, a veces la hacemos encargada de recuento, de modo que debe contar las bolas que se han tragado todos los hipopótamos.

Por otro lado, es un juego donde cualquiera puede ganar. Ganar la partida es cuestión de velocidad, coordinación, y suerte! Así que hasta la peque consigue ganar alguna partida! Esto es genial, porque en otros juegos, siempre ganamos nosotros o el peque (por ser más "capaz") y ella se frustra mucho. Aquí ella también gana, y eso la hace sentirse "una más".

También aprendemos a ganar y perder, a gestionar los sentimientos que se generan alrededor de esas dos opciones intrínsecas a todo juego. Al ser partidas muy rápidas, se pueden jugar varias, de modo que siempre todos acabamos ganando y perdiendo alguna vez. Así es más fácil encajar que has perdido, cuando sabes que la próxima vez puedes resultar vencedor. En otros juegos donde la partida es larga y entraña mayor esfuerzo, si pierdes puede resultar más frustrante, sobretodo si se tiene en cuenta que es probable que hasta dentro de unos días no volvamos a jugar y no puedas desquitarte. Por eso creo que es un juego ideal para iniciarse en la gestión de estas emociones. Luego deberán aprender a gestionarlas con otro tipo de juegos.

Si queréis que os ponga una pega, la única que le veo es que niños muy pequeños o mascotas podrían ingerir las bolas, que son como canicas. Si vuestro hijo aún se mete todo lo que encuentra en la boca, no está preparado para jugar (no sin vigilancia, si más no). Y si hay hermanos pequeños o mascotas, deberemos prestar especial atención a que las bolas no se caigan por el suelo (a nosotros no se nos suelen caer, y eso que los peques le dan buen impulso a sus hipos).

Si aún no tenéis un tragabolas y queréis saber características y precio podéis consultar en el enlace a Amazon pulsando AQUÍ. Y si os interesa también podéis comprarlo en el mismo enlace.

2 comentarios:

  1. ¡Yo tenía uno de peque y jugaba con mi hermano! Nos gustaba mucho, era una locura!jajaja!seguramente en un futuro haya un tragabolas en casa. Que pases buen día!

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  2. La verdad es que yo no lo recordaba tan divertido!! A los peques les encanta! y a nosotros... también!

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