No sabes la de veces que tengo que escuchar esta gran frase: tienes que superarlo.
Sí, vale, estoy de acuerdo. Como decía Elsa en Frozen, "el pasado ya pasó" y ni lo puedo cambiar, ni tiene sentido revivirlo y martirizarse una y otra vez. Nos tocó así, y listos. No hay más.
Pero lo que la gente parece olvidar a veces, es que esto no va de mí, ni de lo que yo pueda o no pueda superar... ni de lo que yo tarde o no tarde en hacerlo... Esto va de él, si de ÉL, de Erik. Porque... ah, sorpresa! Él no es un niño pequeño al que han operado y no se ha enterado de apenas nada y a los cuatro días ya juega a tope y sin darle más vueltas.
Esto va de un niño de siete años, muy despierto para su edad (a veces creo que demasiado) y que recuerda perfectamente todo lo ocurrido, y que tiene dudas al respecto, y que tiene miedo, y que oh, sí... sorpresa... a veces necesita hablar de ello.
Yo puedo querer tirar una manta, un oscuro velo que lo tape todo, bajar la cabeza y seguir como el toro que embiste sin mirar a que... Pero y si él no quiere? Y si no es lo que él necesita?