28 sept. 2015

El Pueblo ha hablado

Un día los sabios de la Corte se reunieron con Su Majestad para tomar decisiones. Debatían asuntos importantes y esgrimían poderosos argumentos. El Sacerdote era el que más animado estaba, se acercaba con sigilo a Su Majestad y le decía:

- Pero, oh Su Majestad, no olvidé al Pueblo... el Pueblo quiere...

 Y entonces pequeño Aprendiz alzó su voz:


- El Pueblo quiere?? Como puede usted saber lo que el Pueblo quiere?

 Los miembros del Senado se revolvieron incómodos en sus asientos, y un murm
ullo se hizo eco en la sala.

 El Sacerdote, inseguro empezó a reir, como si Pequeño Aprendiz fuera un necio:


- Bien amigo, y vos sabeis acaso lo que quiere el Pueblo?

 Pequeño Aprendiz pensó respetuoso:


- Ummm, no, la verdad es que no. Pero podríamos preguntárselo, no cree Su Majestad?

 A su Majestad el cetro le resbaló de las manos. El Sacerdote reía como loco sin argumentos y andaba de un lado a otro mascullando palabras que nadie podía entender. Su Majestad sintió que le miraban...y sudorosa dijo con voz temblorosa: está bien, salgamos al balcón y preguntemos al Pueblo.


De modo que salieron al balcón y el Pueblo, que se había reunido en la plaza a la espera de una decisión, alzó la vista en silencio.

- Estimado Pueblo- dijo Su Majestad - decidnos hoy, aquí y ahora, que queréis??

El Pueblo, acongojado e indeciso, temeroso y algo esperanzado, susurró.

- Lo veis Su Majestad- se apresuró a decir el Sacerdote - no dicen nada!!

Su Majestad se encogió de hombros e hizo el ademán de volver al salón.

- Esperad!!! - gritó el Pequeño Aprendiz, olvidando por un momento con quién hablaba - he oído algo!! Es el Pueblo, preguntad otra vez.
Después de todo... jamás se les había preguntado....el Sacerdote, trató de empujar a Su Majestad al interior, pero Su Majestad se dió la vuelta y decidió preguntar de nuevo.

Esta vez, el Pueblo, algo más confiado, alzó la voz y gritó con firmeza.

El Sacerdote se mordió el labio inferior y una gota de sangre resbaló por su barbilla. Tal era la ira que le invadía. Su Majestad estaba perplejo. Se preguntaba así mismo, que debía hacerse en estos casos. Pequeño Aprendiz, mirando al Pueblo con entusiasmo, preguntó de nuevo.

Esta vez, el Pueblo rugió con firmeza.

- Su Majestad - dijo Pequeño Aprendiz - el Pueblo ha hablado.

Su Majestad, aturdida entró al salón seguido de Ministros, Sacerdote y el feliz Pequeño Aprendiz.
Entonces su Majestad habló:


- Bien, ciertamente...el Pueblo ha hablado...pero, desde cuando el Pueblo sabe lo que dice???

Todos rieron en la sala, todos excepto Pequeño Aprendiz, que miraba atónito al suelo.

Así pues Sacerdote - dijo Su Majestad - que hacemos?

Y el Pueblo jamás volvió a hablar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario