18 sept 2015

Vuelta al cole. Vuelta a la rutina.

El lunes empezó el nuevo curso escolar, la vuelta al cole y por lo tanto la vuelta a la rutina de muchos hogares.

Este año, el proceso fue algo distinto para nosotros. Erik empezaba en P5, con nueva profesora, pero con compañeros de clase conocidos. Para Helia el tema era muy diferente: se estrenaba en P3 y por lo tanto, tenía que hacer frente a un nuevo colegio, nuevas profesoras y nuevos compañeros de clase.

Con lo sentida que es, el proceso no parecía que fuera a ser sencillo. Pero una vez más, nuestra peque nos ha sorprendido y ha asimilado las novedades con entereza.

Al empezar en P3 nos tocaba hacer con ella un breve período de adaptación escolar de 3 días. En nuestra zona, todos los colegios públicos lo hacen así. Ello implicó que debí reservarme 3 días de vacaciones para poder estar a su lado.

Mientras que Erik el primer día ya pudo entrar a las 9 de la mañana para salir a las 16.30, Helia hizo un ingreso más paulatino en su nueva realidad escolar.

Nada más levantarnos el lunes, la peque apuntó maneras. Mientras desayunaba, empezó a hacer pucheros y a lloriquear diciendo que no quería ir al cole. Yo le recordé que estaríamos poco rato y que yo estaría con ella... y se quedó conforme.

Erik parecía ilusionado, pero al llegar a la puerta del colegio se incrustó en mi pantorilla como un lapa, y su hermana, viendo su actitud hizo lo mismo. Así que mientras otros niños corrían y se saludaban sonrientes, yo tenia dos lapas incrustadas en mis laterales....

Hablé con el peque y le animé lo más que pude, y tambaleándonos entramos y nos dirigimos hacía su clase. Entró algo titubeante y pucheroso, pero enseguida un amiguito vino a su encuentro y cuando me alejé le vi más sereno.

Salí con la peque a la puerta del colegio, para esperar a las 9.15, hora en la que los novatos de P3 harían su "entrada tranquila". Por ser el primer día era bastante light, estaríamos de 9.15 a 10:30 padres e hijos juntos en el aula.

Helia estuvo bastante seria y no se separó un palmo de mi en todo el rato. Por más que intenté que se relacionase con otros peques no hubo manera. El colegio lo había organizado muy bien, y estábamos sólo la mitad de la clase (la otra mitad irían de 11.15 a 12:30). Nos pidieron que lleváramos una caja de zapatos y en las mesas había material para que junto con nuestros hijos pudiéramos decorarla. Así, haciendo esta actividad, la profesora tuvo tiempo de hablar con todos nosotros y de observar a nuestros pequeños.

La salida del cole no fue tan "tranquila". Helia lloraba porque no quería irse sin su hermano... que obviamente estaba en clase feliz como una perdiz.

Al día siguiente la tensión ya se palpaba algo más en el ambiente. Erik entró aún más pucheroso que el día anterior... y yo me di a la fuga con la peque para no ver sus lagrimillas.

Ese día Helia tenía que quedarse también de 9.15 a 10:30, pero sin mi. Eso no le hizo ninguna gracia. No hacía más que decirme: pero tu entras conmigo? Y yo le decía: hasta la puerta sí, luego te doy un beso y me voy. Y ella respondía: vale, pero entonces entras un poquito...

Entró muy seria y se quedó como un estaca junto a la puerta. No lloraba... pero no se movía y tenía la vista clavada en el suelo. Vi como la profesora le decía que se quitara la mochila, y ella negaba con la cabeza, y también se negaba a sentarse... Pero al menos no lloraba!

Con esa imagen me fui a dar una vuelta. Cuando volví la encontré muy contenta. La profesora me dijo que era una niña alegre y divertida... pero que tanto estaba riendo, como de repente se ponía a llorar desconsoladamente, para luego volver a reír. Yo la miré y le dije: sí, esa es mi hija. La profesora se rio y me dijo: de humor cambiante???

El tercer día la cosa fue algo mejor. Erik ya estaba contento y parecía más tranquilo. Helia, estaba pucherosa, pero se tranquilizó cuando le dije que a la hora del patio vería a su hermano y podrían jugar juntos. Ese día ya le tocaba ir toda la mañana, de 9 a 12.

Erik se quedó contento. Helia....no. Al despedirnos de su hermano en la puerta de P5 se puso a llorar, porque quería quedarse con él. No dejaba de llorar repitiendo que quería a Erik en su cole. Los conceptos clase y cole no estaban claros en su mente. La dejé en la clase tan seria como el día anterior, pero tranquila y aguantando el tipo.

Cuando la recogí la profesora me dijo que había llorado a la hora del patio, cuando P5 había acabado el recreo y su hermano se había ido a clase, porque no quería separarse de él. El pobre Erik había ejercido de hermano mayor, pasando junto a ella su rato de recreo y le había explicado que debía volver a clase porque tenía tareas que hacer.

El jueves venía la parte dura. Helia pasaba de haber pasado como mucho tres horitas en el cole, a quedarse de 9 a 16:30, teniendo que comer allí y hacer la siesta allí. Mi vida laboral me llamaba y no había más remedio que estrenarse con su nueva realidad.

Para nuestra sorpresa se quedó contenta por la mañana y salió feliz por la tarde, comió estupendamente a medio día e hizo una buena siesta.

La capacidad de adaptación de nuestros peques es sorprendente. La primera semana de colegio ha pasado rápidamente, Erik sólo ha hecho pucheros dos días al entrar, y Helia... en fin...alguna lágrima ha sido derramada pero el balance ha sido mayormente positivo.

Los dos tienen ganas de volver el lunes y están ilusionados. Que más se puede pedir??? Ciertamente.... que el lunes por la mañana no cambien de opinión!!!!

12 sept 2015

La adaptación escolar

Este lunes, por fin, muchos niños iniciarán el curso escolar. Algunos, volverán a la consabida rutina, pero para otros será su primer contacto con una institución educativa, sea guardería, centro de apoyo familiar o colegio.

Con motivo de facilitar a padres y a niños la superación feliz del período de adaptación escolar, desde el Centro de apoyo familiar  Gat Cugat me hicieron un encargo: escribir un texto para poderlo dar a las familias que este año habían apuntado a sus hijos y se encontraban en esa situación.

Comparto con vosotros el texto en cuestión, para que pueda servir de punto de apoyo a los que estéis empezando por primera vez curso escolar. No dudéis en publicar en comentarios cualquier duda que os surja al respecto, o en compartir vuestra experiencia personal sobre este tema.


La Adaptación Escolar


 Se conoce con el nombre de adaptación escolar al período de tiempo que un niñ@ necesita para aceptar y adaptarse a todas las modificaciones que se producen los primeros días de guardería o colegio. Este período de adaptación es variable para cada niñ@, pudiendo durar días, semanas y en algún caso esporádico incluso meses.

Cuando un niño comienza a ir a la guardería o centro de apoyo familiar, surgen muchas dudas y miedos en los padres. Es un momento complicado, ya que en muchas ocasiones será la primera vez que nos separemos de nuestros hijos y por lo tanto la primera vez que ellos se separen de nosotros.

 Los dejaremos en un lugar que desconocen, con personas adultas y otros niños a los que tampoco conocen. Esto les pude provocar inseguridad e incertidumbre (tanto a los pequeños como a los propios padres). Además, tendrán que enfrentarse a un horario, pautas, actividades nuevas, compartir....

Hemos de tener en cuenta que los niños no tienen las mismas estrategias y recursos emocionales que los adultos, y que tampoco cuentan con un concepto de “tiempo” definido. Los más pequeños no entienden todavía que cuando alguien no está presente continúa existiendo, por eso a menudo lloran de manera desconsolada cuando la madre cambia de habitación (pues para ellos, deja de existir). Por lo tanto no servirá de consuelo que les digamos que vamos a volver después... puesto que aún no son capaces de entendernos. Sólo la rutina y el hábito harán que vayan interiorizando estos conceptos.

En función de la edad del niño entrará dentro de lo normal que al inicio de la etapa escolar: llore en el momento de entrar en el centro, se muestre intranquilo o nervioso ya al levantarse, ignore a los padres cuando le vengan a buscar, coma menos de lo habitual o incluso deje de comer, padezca de dolor de barriga, o duerma peor que de costumbre.

Como podemos ayudar a nuestros hijos?

Hay diversas conductas que los padres pueden adoptar, para tratar de hacer más fácil y llevadero este período a los niños:

1.- Lo primero es confiar en el centro al que vamos a llevar a nuestro hijo. Si hemos decidido llevarle allí es porque creemos que es lo mejor. Conviene evitar miedos o sentimientos de culpa...ya que estos serán transmitidos y captados por nuestros pequeños.

 2.- En caso de que el pequeño esté muy unido a unos de los padres o haya uno de ellos que esté muy angustiado por el inicio de esta etapa, sería conveniente que los primeros días le llevase al centro el otro miembro de la pareja.

3.- Conviene no hacer coincidir este cambio con otros. A los niños, como ya hemos comentado, les cuesta enfrentarse a los cambios, por ello, es preferible que los afronten de uno en uno. No sería conveniente que el pequeño iniciase la etapa escolar coincidiendo con el nacimiento de un hermano. Es preferible llevarle algunos meses antes o algunos meses después de dicho acontecimiento.

4.- Siempre es bueno explicarle al niño lo que va a pasar. Aunque no comprenda todo lo que le decimos, captará la esencia y sobretodo le transmitiremos normalidad. Sería conveniente explicarle por lo tanto donde le vamos a llevar, con que maestra va a estar, que hará, advertirle que habrá otros compañeros en clase... Así se irá familiarizando poco a poco con todo.

5.- Es importante no utilizar la escuela para “amenazar” al niño: si no te portas bien te llevaré a la escuela, o ya verás como la señorita te va a hacer comer de verdad. Eso hará que tenga un concepto negativo de lo que es ir a escuela. El niño ha de ir contento y sentirse cómodo y a gusto con el personal del centro. No va allí como un castigo, va allí porque es lo mejor para él.

6.- Los primeros días se puede llevar algún juguete o mantita que sea de su agrado y al que esté unido. Así le servirá para tener un trozo de casa en la escuela y sentirse más seguro allí.

7.- Conviene no alargar ni eternizar las despedidas. Lo mejor para el niño es que la entrada en el centro sea rápida y afectuosa. Hemos de actuar con decisión para transmitir seguridad y confianza al niño: dar los buenos días a la profesora, dar un beso al pequeño y partir sería lo más adecuado.

Si el niño ve que titubeamos, tardamos en dejarle, lo abrazamos en exceso, como si no quisiéramos dejarlo allí, sólo conseguiremos que desconfíe y llore. Imaginaos que vuestra pareja os ofrece algo de comer y mientras os dice que está muy bueno no puede evitar poner cara de desagrado....desconfiaríais de su palabra, verdad? Pues con los niños sucede lo mismo: si mamá me dice que todo va a ir bien, pero me abraza como si fuera la última vez, con cara de preocupación y ojos llorosos.... yo sólo querré salir corriendo de allí!!!

8.- A la hora de ir a buscar a nuestros pequeños, conviene mostrar interés por lo que han hecho en la escuela y mostrarse contentos por sus avances. No conviene hacer reencuentros excesivamente afectuosos que puedan dar al niño la sensación de que hemos llegado para rescatarle de allí.

 9.- Por último, conviene no olvidar que las rutinas siempre serán nuestras aliadas. Es importante ser puntuales y respetar los horarios, así los pequeños sabrán siempre cuando van a llegar a clase, que actividades van a hacer y cuando vamos a ir a por ellos. Poco a poco irán estableciendo relaciones y sabrán que siempre llegamos después de la comida, o después de la siesta y la merienda.

En caso de que pensemos que a nuestro hij@ le está costando más de lo habitual adaptarse o que tengamos cualquier duda referente a este proceso, es conveniente que lo hablemos con las educadoras del centro. Ellas sabrán orientarnos y asesorarnos al respecto.

En breve este período pasará y los niñ@s estarán disfrutando de una nueva etapa en su vida. Y habrán adquirido herramientas y estrategias para superar nuevas experiencias que les servirán de por vida.

7 sept 2015

Superando una comida de celebración familiar

Este fin de semana fue mi cumpleaños, y como buena cumpleañera invité a comer a casa a mi familia más próxima (padres, hermano, cuñada y sobrinos). En total, 10 comensales, 6 adultos y 4 niños.

Las últimas celebraciones familiares en mi casa, me habían superado por completo. Con los dos peques, y especialmente con mi retoña "absorbente" había recurrido a hacer de todo menos cocinar algo "decente": servir pollos a l'ast, macarrones, poner diversidad de chuminadas para picar y pasar directos al postre...

Pero esta vez me apetecía currarme una comida. Por primera vez en mucho tiempo, me sentía preparada para ello, animada y con ganas. Así que busqué recetillas por internet, dispuesta a sorprender a la familia, y confeccioné un sencillo pero aparente menú.

Para picar decidí poner un poco lo de siempre: los míticos bols con queso, olivas, pistachos, ganchitos, tostaditas y poco más.

Luego serví un plato para cada adulto con lo siguiente: pastel de atún individual, canapés de pesto y mozarella, y tortitas de salmón.


28 ago 2015

Superada por la esterilización del conejo de la familia

Pues si, aquí una se puede ver superada por sus hijos.... pero también por sus mascotas!! La cuestión es ser superada por los acontecimientos en general.

Hará cerca de un año decidimos comprar una mascota, ya que nuestro hijo de cinco años es un apasionado de los animales e insistía en que quería una. Después de definir el término mascota (no cielo, un tigre no es una mascota) y acotar las opciones a las que por cuestión de horarios y otros temas familiares nos parecían más apropiadas, le dimos a elegir entre: pájaro, pez o cobaya (ya habíamos tenido dos y mi marido y yo estábamos encantados con estos peluditos).

Expusimos pros y contras de cada uno: no se puede tocar, emite sonidos bonitos, es de vivos colores, se puede coger y acariciar...., y tras visitar tiendas de animales y resolver todas las dudas que el peque iba planteando, él añadió un nuevo animal a la ecuación: el conejo.

Este era un completo desconocido para nosotros, de modo que preguntamos en tiendas de animales y finalmente le dimos la opción por válida. Y por supuesto él apostó por el animal que había sugerido, de modo que compramos un conejo!

Pensad que este proceso nos tomó más de un mes: contemplar las opciones, resolver dudas en las tiendas de animales... Queríamos que nuestro hijo tomara conciencia de que se trataba de una decisión importante, que no estábamos comprando un "juguete" sino un ser vivo que pasaría a ser parte de la familia. Pese a que tenía 4 años, el peque lo asimiló muy bien y entendió que comprar un animal no es algo que se haga a la ligera: entro en la tienda, le digo a papi quiero este y papi lo compra... Al menos nosotros no creemos que deba ser así.

En fin, compramos a nuestro conejito (porque en la tienda dijeron que era macho) y nuestro hijo le puso por nombre Yakari (en honor al protagonista de unos dibujos animados, un niño indio que haba con los animales).

En posterior revisión veterinaria supimos que no era macho... sino hembra... pero el nombre ya estaba puesto y Yakari se quedó.

Al crecer le llegó el celo y con él la sorprendente recomendación de la veterinaria de que había que esterilizar a Yakari (obviamente en la tienda de animales esto no nos lo habían dicho). Yo no soy partidaria de este tipo de intervenciones.... así que en un principio descarté esa posibilidad. Pero luego, con la cabeza fría comencé a buscar información, en páginas especializadas como la de ANAC y en infinidad de blogs como Tengo un conejo y descubrí que se trataba de una operación muy necesaria en este tipo de animales, siendo prácticamente cruel el no llevarla a cabo.

Mi veterinaria tuvo que aguantar diversas visitas mías para resolver todas las dudas acerca de la operación, pre y post operatorio, y finalmente este martes, aprovechando mis últimos días de vacaciones, la operamos.

La esterilización de una coneja no es un tema sencillo de pasar. Afortunadamente mi cuñada ya había pasado por esta experiencia y yo ya estaba prevenida. Por eso decidí hacerlo en vacaciones, por si surgían complicaciones. Es muy común que tras la intervención a estos animales les cueste comer y beber líquidos, y por sus características no pueden pasar muchas horas sin comer, ya que existe el riesgo de parada intestinal, cosa que acaba con la muerte del conejo.

Mi estrés comenzó el día de la intervención. A las 14 vino la veterinaria a casa a recoger a Yakari, para podérsela llevar en su propia jaula y provocarle el mínimo estrés (mi coneja es algo esquiva, no dada a mimos, y muy nerviosa). La operación debía realizarse a medio día, pero la veterinaria me advirtió que debido a unas urgencias que le habían salido no podría intervenirla hasta las 17. Estuve toda la tarde con muchos nervios... deseando saber de Yakari. Suerte que mis padres vinieron a casa para ayudarme a distraer a los niños. A las 19.30 mi marido y yo fuimos a la clínica y justo la acababan de intervenir. La vimos dormidita por la anestesia... todo había ido bien y la veterinaria nos dijo que nos fuéramos a casa y que nos la traería cuando cerrase la clínica y hubiera comprobado que Yakari estaba despierta y bien.

Sobre las 21 ya teníamos en casa a Yakari, algo atontadita per con muy buen aspecto. Le puse su comida y haciendo caso de la veterinaria la dejé tranquila. El miércoles por la mañana verifiqué que no había comido ni bebido nada, pero sabía que esto era normal. Le puse verduritas que sé que le gustan (hojas de rúcula, canónigos...) y al ratito probó una hojita... pero ya. Cogí a los niños y me encaminé a la veterinaria que me confirmó que estaba dentro de lo normal, pero que si no bebía le debía dar algo de agua con una jeringa y si no comía deberíamos hacer lo mismo. También me dio unas dosis de antibiótico para darle.

Y ahí empezó mi calvario. La coneja seguía sin beber ni comer, y obviamente cuando yo le acercaba la jeringuilla daba marcha atrás, giraba la cara y no había manera de meterla en la boca... Me daba miedo estresarla, me daba miedo forzarla y hacerle daño en su herida, me daba miedo que no bebiera ni comiera... A medio día le ofrecí una de sus golosinas y se la comió. Pero seguía sin beber ni comer otra cosa. Por la tarde yo ya no podía más, si no conseguía que bebiera el agua de la jeringa...como demonios le iba a dar el antibiótico???

Llegó mi marido y le expuse el problema. Ya era hora de darle el antibiótico así que hicimos lo que buenamente se nos ocurrió: la intenté agarrar del cogote con fuerza y meter la jeringa de antibiótico  en su boca. Desastre absoluto, se revolvió, saltó, el antibiótico fue todo a su cara, a la jaula.... Yo me quería morir. El conejo se me iba a morir por inútil!!! Llevaba todo el día buscando información en internet y en todos los sitios ponía lo mismo: dar agua y comida con jeringa. Si, muy fácil.... pero como lo haces si no quiere acercarse ni abrir la boca ni nadaaaaaaa!!!!

Llamé a la veterinaria que confirmó que no íbamos bien y me dio el consejo que probablemente salvo a Yakari y a mi del ataquede nervios. La veterinaria me recomendó echarle una toalla por encima a la coneja, con las dos manos envolverla y descubrirle solo el morro (importante que los ojos queden tapados) y mientras la mantienes así inmovilizada, con la jeringa le administras la medicación. Me dijo también que con piña la pasara por la batidora haciendo papilla y se la diéramos con la jeringa. Nosotros lo hicimos entre dos: yo la aguanté (sin sacarla de la jaula, sólo tapándola con la manta) y mi marido le suministró la papilla y más tarde el antibiótico.

Menudo cambio!! Con el truco de la manta Yakari se estuvo quieta y se dejó dar la medicina y jeringa y media de papilla. Supongo que le debió de ir bien, porque se comió un par de golosinas más, y un piquito de pan que le ofrecí (le encantan). Luego le pusimos más verduritas y la dejamos tranquila.

Pues bien, ayer ya fue comiendo verduritas (rúcula, canónigos...) todo el día (se comió una bolsa entera de 100 gramos!!!) y la veterinaria me dijo que si comía hoja verde no la forzase con el agua, ya que la verdurita ya la estaba hidratando. Por la tarde la llevamos a revisar la herida, y la tiene genial, muy buen aspecto y apenas riesgo de infección.

Y la sorpresa la hemos tenido al levantarnos esta mañana: se había acabado todo el pienso y había bebido un poco de agua!!!

Parece que el episodio de esterilización de la coneja ha llegado a su fin, y con éxito!!!

Eso sí.... ha sido duro y casi, casi me supera!!!

24 ago 2015

Superar las vacaciones con niños

Un año más y ya llegó el verano, las vacaciones y el tiempo libre de nuestros hijos.

Cuesta sacar tiempo para una misma cuando hay que estar con ellos non stop, las 24 horas al día. Pero al fin, hoy he conseguido sacar mi rato libre para ponerme de nuevo frente a la pantalla, con idea de renovar un pelín mi blog y a ser posible, mantenerlo activo!

Para mi, la clave para superar las vacaciones con los niños, sin que mi salud mental se vea afectada, reside en una palabra clave: ORGANIZACIÓN. Esa y no otra, es para mi la madre del cordero.

Si te organizas, puedes ganar la batalla, de lo contrario....estás perdid@, porque ellos tomarán el control y empezará a reinar el caos en el hogar.

Las primeras dos semanas de agosto, hemos estado papá y mamá juntos al frente, pero ahora, me he quedado yo sola a bordo del barco y debo intentar llevarlo a buen puerto.

La estrategia de la organización da buenos resultados tanto si uno está "solo ante el peligro", es decir, solo con los niños, o si está la familia al completo de vacaciones.

Cada día, antes de irme a dormir, planifico lo que vamos a hacer al día siguiente, y así, cuando ellos se levantan sólo tienen que seguirme. No hace falta que sean grandes planes... obviamente los días que ha estado papá en casa nos hemos permitido el lujo de hacer excursiones y actividades de "mayor envergadura", pero ahora que estoy sola los planes son menos ambiciosos.

Un día puede ser básicamente: desayuno, "excursión" al supermercado, colocar la compra en casa entre todos, salida al parque a jugar un rato, media horita de tele mientras yo preparo la comida, comida, siesta de la peque y ratito de pintar o hacer cuadernos de verano del grandullón, ratito de tele para el grande mientras la peque engancha pegatinas y pinta, merienda, juegos en la terraza (si hace bueno piscinita hinchable), baño, ratito de tele para hacer la cena, cena y a dormir (por fin!!).

Cuanto menos ratos muertos queden mejor... porque todo aquello que dejemos a la improvisación, a mi al menos, suele conducir al fracaso absoluto. De modo que si al acabar de comer dejo a mi hijo a su "libre albedrío" probablemente empezará a decirme: mamá, que hago?? es que no sé que hacer... esto no me gusta... que estás haciendo?.... Mientras que si, tras poner a la peque a dormir, le digo: venga Erik, vamos a hacer dos paginitas del cuaderno, a ver como nos salen. Se sienta y se pone sin problemas... y lo pasa genial!

Así que, ya sabéis, organizar el día (en el fondo es lo que hacen en escuelas y guarderías) y notareis la diferencia. A mi con mis peques de 2 y 5 años me funciona de maravilla!