12 sept 2015

La adaptación escolar

Este lunes, por fin, muchos niños iniciarán el curso escolar. Algunos, volverán a la consabida rutina, pero para otros será su primer contacto con una institución educativa, sea guardería, centro de apoyo familiar o colegio.

Con motivo de facilitar a padres y a niños la superación feliz del período de adaptación escolar, desde el Centro de apoyo familiar  Gat Cugat me hicieron un encargo: escribir un texto para poderlo dar a las familias que este año habían apuntado a sus hijos y se encontraban en esa situación.

Comparto con vosotros el texto en cuestión, para que pueda servir de punto de apoyo a los que estéis empezando por primera vez curso escolar. No dudéis en publicar en comentarios cualquier duda que os surja al respecto, o en compartir vuestra experiencia personal sobre este tema.


La Adaptación Escolar


 Se conoce con el nombre de adaptación escolar al período de tiempo que un niñ@ necesita para aceptar y adaptarse a todas las modificaciones que se producen los primeros días de guardería o colegio. Este período de adaptación es variable para cada niñ@, pudiendo durar días, semanas y en algún caso esporádico incluso meses.

Cuando un niño comienza a ir a la guardería o centro de apoyo familiar, surgen muchas dudas y miedos en los padres. Es un momento complicado, ya que en muchas ocasiones será la primera vez que nos separemos de nuestros hijos y por lo tanto la primera vez que ellos se separen de nosotros.

 Los dejaremos en un lugar que desconocen, con personas adultas y otros niños a los que tampoco conocen. Esto les pude provocar inseguridad e incertidumbre (tanto a los pequeños como a los propios padres). Además, tendrán que enfrentarse a un horario, pautas, actividades nuevas, compartir....

Hemos de tener en cuenta que los niños no tienen las mismas estrategias y recursos emocionales que los adultos, y que tampoco cuentan con un concepto de “tiempo” definido. Los más pequeños no entienden todavía que cuando alguien no está presente continúa existiendo, por eso a menudo lloran de manera desconsolada cuando la madre cambia de habitación (pues para ellos, deja de existir). Por lo tanto no servirá de consuelo que les digamos que vamos a volver después... puesto que aún no son capaces de entendernos. Sólo la rutina y el hábito harán que vayan interiorizando estos conceptos.

En función de la edad del niño entrará dentro de lo normal que al inicio de la etapa escolar: llore en el momento de entrar en el centro, se muestre intranquilo o nervioso ya al levantarse, ignore a los padres cuando le vengan a buscar, coma menos de lo habitual o incluso deje de comer, padezca de dolor de barriga, o duerma peor que de costumbre.

Como podemos ayudar a nuestros hijos?

Hay diversas conductas que los padres pueden adoptar, para tratar de hacer más fácil y llevadero este período a los niños:

1.- Lo primero es confiar en el centro al que vamos a llevar a nuestro hijo. Si hemos decidido llevarle allí es porque creemos que es lo mejor. Conviene evitar miedos o sentimientos de culpa...ya que estos serán transmitidos y captados por nuestros pequeños.

 2.- En caso de que el pequeño esté muy unido a unos de los padres o haya uno de ellos que esté muy angustiado por el inicio de esta etapa, sería conveniente que los primeros días le llevase al centro el otro miembro de la pareja.

3.- Conviene no hacer coincidir este cambio con otros. A los niños, como ya hemos comentado, les cuesta enfrentarse a los cambios, por ello, es preferible que los afronten de uno en uno. No sería conveniente que el pequeño iniciase la etapa escolar coincidiendo con el nacimiento de un hermano. Es preferible llevarle algunos meses antes o algunos meses después de dicho acontecimiento.

4.- Siempre es bueno explicarle al niño lo que va a pasar. Aunque no comprenda todo lo que le decimos, captará la esencia y sobretodo le transmitiremos normalidad. Sería conveniente explicarle por lo tanto donde le vamos a llevar, con que maestra va a estar, que hará, advertirle que habrá otros compañeros en clase... Así se irá familiarizando poco a poco con todo.

5.- Es importante no utilizar la escuela para “amenazar” al niño: si no te portas bien te llevaré a la escuela, o ya verás como la señorita te va a hacer comer de verdad. Eso hará que tenga un concepto negativo de lo que es ir a escuela. El niño ha de ir contento y sentirse cómodo y a gusto con el personal del centro. No va allí como un castigo, va allí porque es lo mejor para él.

6.- Los primeros días se puede llevar algún juguete o mantita que sea de su agrado y al que esté unido. Así le servirá para tener un trozo de casa en la escuela y sentirse más seguro allí.

7.- Conviene no alargar ni eternizar las despedidas. Lo mejor para el niño es que la entrada en el centro sea rápida y afectuosa. Hemos de actuar con decisión para transmitir seguridad y confianza al niño: dar los buenos días a la profesora, dar un beso al pequeño y partir sería lo más adecuado.

Si el niño ve que titubeamos, tardamos en dejarle, lo abrazamos en exceso, como si no quisiéramos dejarlo allí, sólo conseguiremos que desconfíe y llore. Imaginaos que vuestra pareja os ofrece algo de comer y mientras os dice que está muy bueno no puede evitar poner cara de desagrado....desconfiaríais de su palabra, verdad? Pues con los niños sucede lo mismo: si mamá me dice que todo va a ir bien, pero me abraza como si fuera la última vez, con cara de preocupación y ojos llorosos.... yo sólo querré salir corriendo de allí!!!

8.- A la hora de ir a buscar a nuestros pequeños, conviene mostrar interés por lo que han hecho en la escuela y mostrarse contentos por sus avances. No conviene hacer reencuentros excesivamente afectuosos que puedan dar al niño la sensación de que hemos llegado para rescatarle de allí.

 9.- Por último, conviene no olvidar que las rutinas siempre serán nuestras aliadas. Es importante ser puntuales y respetar los horarios, así los pequeños sabrán siempre cuando van a llegar a clase, que actividades van a hacer y cuando vamos a ir a por ellos. Poco a poco irán estableciendo relaciones y sabrán que siempre llegamos después de la comida, o después de la siesta y la merienda.

En caso de que pensemos que a nuestro hij@ le está costando más de lo habitual adaptarse o que tengamos cualquier duda referente a este proceso, es conveniente que lo hablemos con las educadoras del centro. Ellas sabrán orientarnos y asesorarnos al respecto.

En breve este período pasará y los niñ@s estarán disfrutando de una nueva etapa en su vida. Y habrán adquirido herramientas y estrategias para superar nuevas experiencias que les servirán de por vida.

7 sept 2015

Superando una comida de celebración familiar

Este fin de semana fue mi cumpleaños, y como buena cumpleañera invité a comer a casa a mi familia más próxima (padres, hermano, cuñada y sobrinos). En total, 10 comensales, 6 adultos y 4 niños.

Las últimas celebraciones familiares en mi casa, me habían superado por completo. Con los dos peques, y especialmente con mi retoña "absorbente" había recurrido a hacer de todo menos cocinar algo "decente": servir pollos a l'ast, macarrones, poner diversidad de chuminadas para picar y pasar directos al postre...

Pero esta vez me apetecía currarme una comida. Por primera vez en mucho tiempo, me sentía preparada para ello, animada y con ganas. Así que busqué recetillas por internet, dispuesta a sorprender a la familia, y confeccioné un sencillo pero aparente menú.

Para picar decidí poner un poco lo de siempre: los míticos bols con queso, olivas, pistachos, ganchitos, tostaditas y poco más.

Luego serví un plato para cada adulto con lo siguiente: pastel de atún individual, canapés de pesto y mozarella, y tortitas de salmón.


28 ago 2015

Superada por la esterilización del conejo de la familia

Pues si, aquí una se puede ver superada por sus hijos.... pero también por sus mascotas!! La cuestión es ser superada por los acontecimientos en general.

Hará cerca de un año decidimos comprar una mascota, ya que nuestro hijo de cinco años es un apasionado de los animales e insistía en que quería una. Después de definir el término mascota (no cielo, un tigre no es una mascota) y acotar las opciones a las que por cuestión de horarios y otros temas familiares nos parecían más apropiadas, le dimos a elegir entre: pájaro, pez o cobaya (ya habíamos tenido dos y mi marido y yo estábamos encantados con estos peluditos).

Expusimos pros y contras de cada uno: no se puede tocar, emite sonidos bonitos, es de vivos colores, se puede coger y acariciar...., y tras visitar tiendas de animales y resolver todas las dudas que el peque iba planteando, él añadió un nuevo animal a la ecuación: el conejo.

Este era un completo desconocido para nosotros, de modo que preguntamos en tiendas de animales y finalmente le dimos la opción por válida. Y por supuesto él apostó por el animal que había sugerido, de modo que compramos un conejo!

Pensad que este proceso nos tomó más de un mes: contemplar las opciones, resolver dudas en las tiendas de animales... Queríamos que nuestro hijo tomara conciencia de que se trataba de una decisión importante, que no estábamos comprando un "juguete" sino un ser vivo que pasaría a ser parte de la familia. Pese a que tenía 4 años, el peque lo asimiló muy bien y entendió que comprar un animal no es algo que se haga a la ligera: entro en la tienda, le digo a papi quiero este y papi lo compra... Al menos nosotros no creemos que deba ser así.

En fin, compramos a nuestro conejito (porque en la tienda dijeron que era macho) y nuestro hijo le puso por nombre Yakari (en honor al protagonista de unos dibujos animados, un niño indio que haba con los animales).

En posterior revisión veterinaria supimos que no era macho... sino hembra... pero el nombre ya estaba puesto y Yakari se quedó.

Al crecer le llegó el celo y con él la sorprendente recomendación de la veterinaria de que había que esterilizar a Yakari (obviamente en la tienda de animales esto no nos lo habían dicho). Yo no soy partidaria de este tipo de intervenciones.... así que en un principio descarté esa posibilidad. Pero luego, con la cabeza fría comencé a buscar información, en páginas especializadas como la de ANAC y en infinidad de blogs como Tengo un conejo y descubrí que se trataba de una operación muy necesaria en este tipo de animales, siendo prácticamente cruel el no llevarla a cabo.

Mi veterinaria tuvo que aguantar diversas visitas mías para resolver todas las dudas acerca de la operación, pre y post operatorio, y finalmente este martes, aprovechando mis últimos días de vacaciones, la operamos.

La esterilización de una coneja no es un tema sencillo de pasar. Afortunadamente mi cuñada ya había pasado por esta experiencia y yo ya estaba prevenida. Por eso decidí hacerlo en vacaciones, por si surgían complicaciones. Es muy común que tras la intervención a estos animales les cueste comer y beber líquidos, y por sus características no pueden pasar muchas horas sin comer, ya que existe el riesgo de parada intestinal, cosa que acaba con la muerte del conejo.

Mi estrés comenzó el día de la intervención. A las 14 vino la veterinaria a casa a recoger a Yakari, para podérsela llevar en su propia jaula y provocarle el mínimo estrés (mi coneja es algo esquiva, no dada a mimos, y muy nerviosa). La operación debía realizarse a medio día, pero la veterinaria me advirtió que debido a unas urgencias que le habían salido no podría intervenirla hasta las 17. Estuve toda la tarde con muchos nervios... deseando saber de Yakari. Suerte que mis padres vinieron a casa para ayudarme a distraer a los niños. A las 19.30 mi marido y yo fuimos a la clínica y justo la acababan de intervenir. La vimos dormidita por la anestesia... todo había ido bien y la veterinaria nos dijo que nos fuéramos a casa y que nos la traería cuando cerrase la clínica y hubiera comprobado que Yakari estaba despierta y bien.

Sobre las 21 ya teníamos en casa a Yakari, algo atontadita per con muy buen aspecto. Le puse su comida y haciendo caso de la veterinaria la dejé tranquila. El miércoles por la mañana verifiqué que no había comido ni bebido nada, pero sabía que esto era normal. Le puse verduritas que sé que le gustan (hojas de rúcula, canónigos...) y al ratito probó una hojita... pero ya. Cogí a los niños y me encaminé a la veterinaria que me confirmó que estaba dentro de lo normal, pero que si no bebía le debía dar algo de agua con una jeringa y si no comía deberíamos hacer lo mismo. También me dio unas dosis de antibiótico para darle.

Y ahí empezó mi calvario. La coneja seguía sin beber ni comer, y obviamente cuando yo le acercaba la jeringuilla daba marcha atrás, giraba la cara y no había manera de meterla en la boca... Me daba miedo estresarla, me daba miedo forzarla y hacerle daño en su herida, me daba miedo que no bebiera ni comiera... A medio día le ofrecí una de sus golosinas y se la comió. Pero seguía sin beber ni comer otra cosa. Por la tarde yo ya no podía más, si no conseguía que bebiera el agua de la jeringa...como demonios le iba a dar el antibiótico???

Llegó mi marido y le expuse el problema. Ya era hora de darle el antibiótico así que hicimos lo que buenamente se nos ocurrió: la intenté agarrar del cogote con fuerza y meter la jeringa de antibiótico  en su boca. Desastre absoluto, se revolvió, saltó, el antibiótico fue todo a su cara, a la jaula.... Yo me quería morir. El conejo se me iba a morir por inútil!!! Llevaba todo el día buscando información en internet y en todos los sitios ponía lo mismo: dar agua y comida con jeringa. Si, muy fácil.... pero como lo haces si no quiere acercarse ni abrir la boca ni nadaaaaaaa!!!!

Llamé a la veterinaria que confirmó que no íbamos bien y me dio el consejo que probablemente salvo a Yakari y a mi del ataquede nervios. La veterinaria me recomendó echarle una toalla por encima a la coneja, con las dos manos envolverla y descubrirle solo el morro (importante que los ojos queden tapados) y mientras la mantienes así inmovilizada, con la jeringa le administras la medicación. Me dijo también que con piña la pasara por la batidora haciendo papilla y se la diéramos con la jeringa. Nosotros lo hicimos entre dos: yo la aguanté (sin sacarla de la jaula, sólo tapándola con la manta) y mi marido le suministró la papilla y más tarde el antibiótico.

Menudo cambio!! Con el truco de la manta Yakari se estuvo quieta y se dejó dar la medicina y jeringa y media de papilla. Supongo que le debió de ir bien, porque se comió un par de golosinas más, y un piquito de pan que le ofrecí (le encantan). Luego le pusimos más verduritas y la dejamos tranquila.

Pues bien, ayer ya fue comiendo verduritas (rúcula, canónigos...) todo el día (se comió una bolsa entera de 100 gramos!!!) y la veterinaria me dijo que si comía hoja verde no la forzase con el agua, ya que la verdurita ya la estaba hidratando. Por la tarde la llevamos a revisar la herida, y la tiene genial, muy buen aspecto y apenas riesgo de infección.

Y la sorpresa la hemos tenido al levantarnos esta mañana: se había acabado todo el pienso y había bebido un poco de agua!!!

Parece que el episodio de esterilización de la coneja ha llegado a su fin, y con éxito!!!

Eso sí.... ha sido duro y casi, casi me supera!!!

24 ago 2015

Superar las vacaciones con niños

Un año más y ya llegó el verano, las vacaciones y el tiempo libre de nuestros hijos.

Cuesta sacar tiempo para una misma cuando hay que estar con ellos non stop, las 24 horas al día. Pero al fin, hoy he conseguido sacar mi rato libre para ponerme de nuevo frente a la pantalla, con idea de renovar un pelín mi blog y a ser posible, mantenerlo activo!

Para mi, la clave para superar las vacaciones con los niños, sin que mi salud mental se vea afectada, reside en una palabra clave: ORGANIZACIÓN. Esa y no otra, es para mi la madre del cordero.

Si te organizas, puedes ganar la batalla, de lo contrario....estás perdid@, porque ellos tomarán el control y empezará a reinar el caos en el hogar.

Las primeras dos semanas de agosto, hemos estado papá y mamá juntos al frente, pero ahora, me he quedado yo sola a bordo del barco y debo intentar llevarlo a buen puerto.

La estrategia de la organización da buenos resultados tanto si uno está "solo ante el peligro", es decir, solo con los niños, o si está la familia al completo de vacaciones.

Cada día, antes de irme a dormir, planifico lo que vamos a hacer al día siguiente, y así, cuando ellos se levantan sólo tienen que seguirme. No hace falta que sean grandes planes... obviamente los días que ha estado papá en casa nos hemos permitido el lujo de hacer excursiones y actividades de "mayor envergadura", pero ahora que estoy sola los planes son menos ambiciosos.

Un día puede ser básicamente: desayuno, "excursión" al supermercado, colocar la compra en casa entre todos, salida al parque a jugar un rato, media horita de tele mientras yo preparo la comida, comida, siesta de la peque y ratito de pintar o hacer cuadernos de verano del grandullón, ratito de tele para el grande mientras la peque engancha pegatinas y pinta, merienda, juegos en la terraza (si hace bueno piscinita hinchable), baño, ratito de tele para hacer la cena, cena y a dormir (por fin!!).

Cuanto menos ratos muertos queden mejor... porque todo aquello que dejemos a la improvisación, a mi al menos, suele conducir al fracaso absoluto. De modo que si al acabar de comer dejo a mi hijo a su "libre albedrío" probablemente empezará a decirme: mamá, que hago?? es que no sé que hacer... esto no me gusta... que estás haciendo?.... Mientras que si, tras poner a la peque a dormir, le digo: venga Erik, vamos a hacer dos paginitas del cuaderno, a ver como nos salen. Se sienta y se pone sin problemas... y lo pasa genial!

Así que, ya sabéis, organizar el día (en el fondo es lo que hacen en escuelas y guarderías) y notareis la diferencia. A mi con mis peques de 2 y 5 años me funciona de maravilla!

23 mar 2015

La otra Maratón

Hoy hace ya un día y una semana de la Maratón de Barcelona. Una dura prueba en la que miles de atletas recorren durante 42 km 195 m la ciudad de Barcelona.

Mi marido, que este año cumplirá 42 años se propuso un reto: hacer la Maratón de Barcelona marchando! Un kilómetro marchado por año cumplido.

Y yo empecé a preparar el otro Maratón: el de la "acompañante" o como me llamaron recientemente vía Facebook: la supporter (suena más fino :-) )

Di todo mi apoyo durante todo un año de duros y laaargos entrenos, aportando humor y paciencia, y tratando, como siempre, de quitarle hierro a pequeños contratiempos (resfriados que interrumpían la preparación, molestias que obligaban a detener los entrenos....)

Pero sobretodo el pasado día 15 de marzo corrí (que no marche) mi propia Maratón.

Me levanté a las cinco de la mañana, como Alberto, y desayuné junto a él. Me desplacé a Plaza España en ferrocarril y metro. Parecía increíble la cantidad de hombres y mujeres que había a esas horas ataviados con deportivas y mallas. Todos con cara de emoción, ilusión y porque no? algo de miedo en la mirada.

Ya en Plaza España la adrenalina se disparaba. El ambiente resulta indescriptible. Si nunca habéis ido a la salida de una prueba deportiva de este calibre.... os lo recomiendo. Resulta de "gallina de piel".

La cantidad de atletas, la cantidad de acompañantes, la música, los speakers... todo sobrecoge y emociona.

Tras acompañar a Alberto a su cajón de salida, me ubiqué en la zona de la salida, con la intención de verle pasar. No pudo ser. La salida estuvo super bien organizada, dejando un intervalo de tiempo entre cajón y cajón. Todos los corredores, del más rápido al más lento, tuvieron su música alentadora y su confeti a su paso por la salida.

Me dejé los ojos...como tantos otros familiares... y como muchos de ellos no conseguí mi propósito.

Una vez pasó el ultimo atleta, en mi mente sonó otro pistoletazo de salida: el que indicaba que daba comienzo mi Maratón!

Con el mapa del recorrido en la mano, y la mochila cargada de geles y barritas energéticas, inicié mi "carrera". Una carrera peculiar, en la que acortas recorrido por calles anexas, en la que te vales del uso del metro, en la que a trozos caminas y a trozos corres a fondo cual velocista... Una carrera en la que también me acompañaban miles de personas. Nos distinguíamos del resto de pasajeros del metro y de paseantes, porque llevábamos la mayoría el mapa del recorrido en la mano, la cámara de fotos en muchos casos, calzábamos deportivas y teníamos cara de emoción.

Fui directa al primer punto de encuentro que habíamos definido con Alberto: justo pasado el km 8, frente al Decathlon de la Diagonal.

Llegué bastante rápida, recuerdo que incluso corrí unos metros al salir del metro, impaciente por ver pasar a Alberto y hacerle entrega de su avituallamiento. Como no había podido verle en la salida, no tenía claro a que hora pasaría por este punto. Cronómetro en mano miraba constantemente el tiempo que hacía que había empezado la cursa.

Entre tanta angustia...de repente, una alegría inesperada: la tutora de mi hijo pasa por mi lado corriendo a buen ritmo. Ambas nos vemos y nos reconocemos. Veo la alegría en su mirada, por ver un rostro conocido, y grito su nombre y la animo. Entre tanto corredor, encontrar a alguien que no esperas y a quien no buscas es prácticamente un milagro. No la volvería a ver en toda la carrera. Al día siguiente supimos que había conseguido acabarla. Toda una valiente!

Cuando ya empezaba a pensar que Alberto había pasado sin ser visto le detecté en la distancia, moviendo las caderas. Menudo ritmo!!! Abrí una barrita y un gel y le ofrecí ambos. Le jalee y le animé eufórica. Y cuando ya se alejaba, paré el cronometro y lo volví a poner en marcha. 45 minutos hasta llegar al próximo punto de encuentro: km 16, cerca de la Sagrada Familia.

Casi de inmediato reemprendí la marcha, me fui hacia el metro y... horror.... menuda lentitud!!! Y encima tenía que hacer transbordo!! Los 45 minutos se me empezaban a hacer escasos.

Acabé corriendo. Corriendo en el transbordo, por los pasillos del metro.... corriendo cuando salí a la calle.... Y como yo, muchos otros. Menudo ritmo llevábamos!!!

No le fallé. Llegué a tiempo. Sonriente, aplaudiendo, gritando y de nuevo dándole el avituallamiento deseado.

Como mi carrera era "peculiar", en este punto me tomé una licencia. Entré en una cafetería para tomar un café e ir al baño.

Luego.... lo pagué caro. A correr de nuevo!!! Siguiente punto de encuentro: km 24, en la Gran Vía, cerca de Bac de Roda.

Allí había un grupo animando que se dejaba la piel. Los corredores lo notaban y se mostraban sonrientes y agradecidos. Aquí ya empecé a disfrutar de mi Maratón.

Me ubiqué en el punto de encuentro, con tiempo de sobras para ver pasar a Alberto. Estaba sola....nadie animaba allí. Así que empecé a gritar, a aplaudir, a todos los corredores que pasaban. Dándoles palabras de aliento y si me daba tiempo de leerlo, dirigiéndome a ellos por el nombre que figuraba en el dorsal.

Yo he sido corredora y sé lo mucho que anima y arropa el público en ciertos momentos.

Y entonces....surgió la magia. Yo siempre he sido de "vivir" los acontecimientos deportivos, de dejarme la piel animando. Muchas veces los corredores te miran, te sonríen, te aplauden, te dan las gracias.... es su manera de hacerte saber que les estás sirviendo de ayuda. Lo que nunca me había pasado es que diversos corredores se me acercasen y me chocasen los cinco....sin yo poner la mano. Ellos vinieron a pedirla....a chocarla....a encajarla.... como muestra de gratitud. Y en esos momentos la emoción no se puede describir.

Nuevamente vi a Alberto!!!! Y volví a dejarme la piel!!!!! Que buen ritmo llevaba!! Y como sonreía al verme!!! Ese marchadoooooorrrrr!!!!!

Le vi pasar....e improvisé. Miré el mapa.... y lo vi claro. No iba a ir directa al km 32 como habíamos acordado. Si me daba prisa (si corría, vaya), podía interceptarle en el 27. Así que.... que demonios. Cogí la calle Selva de Mar y corrí para abajo!! Volé! Y llegué, sobrada de tiempo (siempre atenta al crono).

Magia de nuevo. Yo gritando a los corredores, dándoles apoyo.... y de repente un señor me mira, me sonríe y sin detenerse me grita: tu te mueves muy rápida! Yo me rio y le grito: no tanto como usted!!!!

No tiene precio! Y sin duda el mejor momento: la aparición de Alberto. La emoción en su mirada al descubrirme en un punto inesperado del recorrido. La inyección de energía que notó.

Y visto esto, decidí arriesgarme más. No iría al 32 todavía. Pararía en el 30 (sin correr...era en la acera de enfrente) y le esperaría. Su sorpresa fue mayúscula. Ahí si que no me esperaba!!

Eso sí, el precio fue alto. Tenía que llegar al 32 antes que él. Yo iba en línea recta.... él no. Pero igualmente..... buf... como corrí!!!

Y por supuesto, no fallé. Que cara de alivio puso al verme :-)

Diversos corredores que me habían visto en 3 puntos kilométricos diferentes, me reconocían y bromeaban. Volví a ver a aquel señor según el cual yo era muy rápida, y le grité: le veo en la meta!!!! No le vi.... espero llegase bien.

Me fui rauda a buscar el metro en Selva de Mar. De ahí a Plaza Espanya. A por la gloria!

Me costó llegar. El corazón latía muy rápido mientras esperaba. Se hacía eterno.... pero le vi. Y salté la valla para poder correr el último kilómetro con él. Le animaba, le gritaba, veía al público aplaudir y exclamar: mira!!! Uno que la hace marchando!!!

Cuanto mérito!!!

No me dejaron cruzar la meta.... me hicieron desviar antes... no en vano yo corría "la otra maratón" y aquel momento era el de los atletas, no el de los supporters.

Momentos inolvidables que se gravaron en mi memoria. No sé si volveré a "correr" otra maratón al lado de mi marido.... pero estoy segura de que a poco que pueda iré como público a animar, dar aliento y vivir a mi manera tan gran acontecimiento.

Mi enhorabuena y admiración a todos los atletas que participaron en esta prueba (a los que la acabaron y a los que cayeron por el camino). Así como mi enhorabuena también a los miles de acompañantes que nos dejamos la piel animando a atletas conocidos y desconocidos para poner nuestro granito de arena en esta proeza.